Satélites que nos conectan en órbita media u órbita baja.

Si pedimos a cualquier persona una opinión sobre cómo nos benefician los satélites, seguramente comentarán lo que aprendieron a través de los medios y películas. La clasificación y funcionalidad de los satélites no es tan conocida a pesar de que nos han cambiado la vida sustancialmente al crear y establecer enlaces y conexión entre los pueblos, ciudades e inclusive continentes enteros.

Hoy se pueden llevar servicios de conectividad a donde antes se pensaba imposible, como en el mar, donde ayudan a navegar a los cruceros y barcos mercantes de una manera más eficiente y precisa. También nos permiten vincular y posicionar nuestro automóvil donde quiera que estemos.

Hasta hace menos de cincuenta años, la única manera de enlazar y establecer comunicación era mediante el cableado, el cual evolucionó en lo que es hoy la fibra óptica. Sin embargo, esta modalidad sigue expuesta a daños físicos y desgaste.

Gracias a la investigación e inversión de las compañías aeroespaciales, se han desarrollado equipos de comunicación cada vez más potentes, precisos y eficaces. Aunque los satélites son utilizados desde hace unas décadas atrás, la tecnología ha avanzado para que hoy se pueden conectar a diferentes dispositivos que pueden estar en movimiento.

Los nuevos satélites se pueden clasificar en tres categorías: de órbita alta, órbita baja y órbita geoestacionaria. Éstos últimos se mantienen a una velocidad que les permite  girar junto con un mismo punto del globo, aumentando su velocidad al acercarse a la Tierra. Por su parte, un satélite de órbita media puede dar tres, cuatro o hasta diez veces la vuelta a la Tierra en un mismo día. Un satélite de órbita baja puede dar muchas vueltas más. Incluso estos pequeños satélites de órbita baja pueden ser percibidos a simple vista como estrellas que se mueven rápidamente.

Los nuevos satélites pueden competir con la fibra óptica tendida en la Tierra. Esto permite utilizar medios de comunicación y aplicaciones en tiempo real. Los mencionados satélites tienen huellas más pequeñas, pero con mayor potencia, permitiéndonos utilizar antenas más pequeñas que tienen muchos spots o huellas que cubren diferentes regiones. En muchos casos, se pueden reorientar hasta dejarlos «fijos» en un lugar o seguir un crucero o la ruta de un avión, para que esas naves cuenten con acceso internet para streaming de películas y, sobre todo, monitorear las rutas y actividades en el aire y altamar.

En un par de años, los satélites de órbita geoestacionaria nos permitirán navegar internet a velocidades que hasta hace poco eran imposibles. Si se piensa que es un servicio para pocos mercados, muy grandes, o solo para pocos usuarios con acceso a ellos, basta pensar que con una inversión de doscientos cincuenta mil dólares un país como Cuba puede invertir en una conexión para revender y distribuir dentro de la Isla.

El cambio está a la puerta. Es nuestra predicción que el tema de conectividad a través de los satélites de órbita media y órbita baja estarán en boca de todos en muy poco tiempo dado a los grandes beneficios que brindan para todos.

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